Hooooola Elenaaaaaa.
Quería contarte una experiencia que he vivido uno de estos días pasados. ¡Viajé en el tiempo! Como lo oyes. O mejor como lo lees. De pronto me trasladé a los orígenes de la química, a la alquimia medieval, e incluso a la de antes. Jo, que interesante.
Ya sabes, querida amiga, que la alquimia es una protociencia, es decir, una ciencia inicial, en comienzos, mezcla de filosofía, química, medicina, astrología, misticismo… y arte. Y tal vez algún ingrediente más. Delante de mí se reprodujeron artes, ciencias y magias que los alquimistas practicaban en sus “laboratorios”, a veces de forma secreta.
Según parece incluso renombrados científicos como Newton o Boyle fueron alquimistas, y sobre la base del fuego y mezclando sustancias elementales como mercurio, azufre, sal, etc., intentaban convertir metales en oro, o descubrir la “panacea” ese remedio de todos los males.
Ya ves, querida Elena, que la búsqueda de la salud y la belleza ha sido un argumento constante en la historia de la alquimia. La fuente de la eterna juventud o la panacea son signos de ello. La inmortalidad, es el fin que persigue la cosa.
Pues bien, querida amiga, nada menos que en la ciudad de Segovia, romana y medieval donde las haya, hay nuevas alquimistas que persiguen el mismo fin: la eterna juventud.
De pronto, ante mis ojos no aparecieron viejas redomas, vetustos alambiques u hornos extraños, sino productos como vasijas de vidrio, plásticos, minipimer y microondas. El signo de los tiempos, Elena. Pero la alquimista en cuestión, bien merecía una estancia más apropiada para su magia.
La vieja idea de la juventud y la inmortalidad estaba allí, transformada ahora en jabones y cremas. Te contaré.
La alquimista, Zoraida Cerezo Martín, que tiene tus mismos apellidos, por extraño que parezca, era una preciosa joven que nos explicaba con paciencia y lujo de detalles, y mostraba a la vez, cómo se hacían los jabones. Jolín, Elena, hay jabones para todos los gustos, más refinados o no, con más espuma o menos, con olores a los perfumes más exquisitos, colores diferentes, para manos, fregazas, cara, cuerpo… Me pareció de una belleza extraordinaria ver a nuestra joven alquimista pesando en una basculita electrónica cada uno de los productos, porque la mezcla de ellos debe ser cuidadosa en sus proporciones. Nuestras viejas mantecas de cerdo, cordero, y mil potingues más, a cual más prosaico, se convierten por mor de la alquimia moderna y en las manos de Zoraida en un jabón maravilloso, con colores y olores tan fragantes y magníficos que tanto valen para uso como disfrute de su sola visión.
Ríete de las cantinelas de pieles finas, manos ásperas, aloe veras y demás zarandajas. Aquí querida Elena, está la realidad de las cosas, vista y pesada. Sencillamente maravilloso. Todo el proceso fue explicado y llevado a cabo a la vez por esa maravillosa alquimista moderna segoviana.
Y no veas los potingues cremeros. Osease, las cremas. Mi querida amiga, si un jabón nos evoca efluvios exuberantes y limpiezas delicadas, o no, que para todo hay, no veas las cremas. Aquí sí que sí, amiga mía.
La meticulosidad y rigurosidad de las mezclas y productos es sabiamente explicada y llevada a cabo por la alquimista a vista de los presentes. Es una cosa peliaguda, mezclar productos. Hay que enterarse bien del asunto, porque de lo contrario puede ser peligroso. Eso sí, todos los productos son naturales. Y de la naturaleza, Elena, poco debemos temer. Si hay jabones para todo, las cremas anti arrugas, anti celulitis, refrescantes, hidratantes, para la cara, las manos, el cuerpo… En fin, hay cremas para todo.
Yo no sé Elena, por qué estas cosas tan ciertas y verdaderas no están en venta al público. No tienen marca, no tienen publicidad, pero son de una solvencia que para sí quisieran las sofisticadas y carísimas cremas que nos venden
En fin, querida amiga, no quiero extenderme más, pero al terminar la sesión, me vino de golpe la vida actual, y el frío, y la humedad, y la contaminación, y las prisas, y tantas cosas… y volví a las cremas y jabones de la sabiduría antigua, aquella que anhelaba la eterna juventud. Será imposible, pero… hay que ver cuánto ayuda.
Además, los ojos de la alquimista, me parecieron bellísimos. ¿Qué cremas usará? Tengo que averiguarlo y hacerlas yo misma.
Un saludo de tu amiga,

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